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Frei: demagogia laboral |
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Por José Piñera
[Economía y Sociedad, 23 de Noviembre, 1999]
En un acto insólito de irresponsabilidad política, el presidente Frei Ruiz-Tagle ha
reactivado, con trámite de urgencia legislativa, un proyecto de cambios a la ley laboral
a sólo semanas de la elección presidencial. Los diputados de la Concertación lo
aprobaron en la Cámara la semana pasada. Si el Senado lo ratifica el miércoles 1º de
diciembre, se le habrá colocado una bomba de tiempo a los pilares del exitoso modelo
económico-social.
Como Ministro del Trabajo y Previsión Social, fui responsable de la Reforma Laboral de
1979 que introdujo, entre otras normas importantes, la negociación colectiva por empresa
y la libertad del empresario privado de contratar, en todo momento, trabajadores para
manejar sus propios bienes de producción.
Me es casi imposible describir las dificultades de todo orden que significó para nuestro
equipo introducir normas que iban en contra de décadas de prédica demagógica, que le
quitaban enormes cuotas de poder a dirigentes sindicales monopólicos, y que suscitaban la
incomprensión de amplios sectores dentro y fuera del gobierno de esa época.
Sin embargo, es un hecho que esa Reforma ha sido fundamental en la creación de millones
de empleos productivos, en el aumento basado en la productividad de las remuneraciones, en
el fin de las huelgas destructivas en el sector privado, en la modernización de la
empresa chilena, en la despolitización de los procesos de negociación colectiva, y, al
final del día, en el espectacular proceso de crecimiento económico y reducción de la
pobreza que ha experimentado Chile en los últimos veinte años.
Ya en 1990, el gobierno Aylwin intentó retroceder en la Reforma Laboral de 1979, con el
apoyo de una confundida cúpula de Renovación Nacional que creía que el modelo se
"legitimaba" debilitándolo. Para defender esta modernización emprendí una
ofensiva en los medios de comunicación (incluyendo dos programas de TV con Raquel Correa,
un singular debate en Megavisión con mi hermano senador de RN, un discurso en ENADE, un
desafío no aceptado a debatir con el ministro de la época, y múltiples entrevistas) y
adelanté la publicación de mi libro La revolución laboral en Chile (Zigzag,
1990).
Junto con Jaime Guzmán y Olga Feliú, los mejores senadores que ha tenido Chile en esta
década, logramos finalmente que el Congreso sólo aprobara modificaciones menores, aunque
dañinas, a la ley de negociación colectiva.
Al menos era comprensible, que en medio del fragor de la transición, un gobierno
inexperto no calibrara bien los efectos destructivos de sus promesas electorales y
sobrestimara la importancia de cúpulas sindicales como la CUT.
Sin embargo, en 1995 el gobierno del presidente Frei Ruiz-Tagle presentó un nuevo
proyecto que insistía en derogar dos de los pilares básicos de la Reforma Laboral de
1979 (ver abajo un extracto de mi artículo "Proyecto Sindical: Atentado contra el
Empleo" en EyS Nº 74, Abril de 1995). El proyecto era tan malo, y el país había
cambiado lo suficiente, que en 1997 el Senado desechó incluso la idea de legislar.
La Espada de Damocles sindical durmió dos años en una Comisión Mixta del Congreso.
Hasta hace unos días.
El origen de este proyecto parece ser el siguiente: a) Sectores socialistas, con la
intención de dañar la candidatura presidencial de Joaquín Lavín, presionaron para
activar un proyecto laboral demagógico; b) Eduardo Frei, perturbado ante el desastre con
que finaliza su gobierno y ante la debilidad de sus ministros de Interior y Hacienda, cede
a la presión y coloca al Senado entre la espada y la pared al conminarlo a votar a diez
días de la elección presidencial un proyecto de esta naturaleza; c) Abogando por la
aprobación de "su proyecto", el candidato Ricardo Lagos en un discurso en el
Norte apela a la lucha de clases y al conflicto social, ingredientes seguros para mantener
a Chile en el subdesarrollo y la pobreza.
Lamentablemente, la oposición sigue en su largo sueño en el campo de las ideas y
permite, por omisión, que este nivel de demagogia sea rentable electoralmente. Ello
sucederá mientras no se emprenda el titánico pero noble esfuerzo de educar a la
ciudadanía con un ideario coherente y atractivo de libertad integral y protección de los
derechos individuales.
Es interesante que algunos senadores DC (Foxley, los hermanos Zaldívar, Boeninger)
reconozcan que el proyecto atenta contra el empleo y la paz laboral. El país debería
intuir que algo "huele mal" cuando el supuesto proyecto pro-trabajadores es
criticado por emblemáticos senadores de la Concertación. Este es un hecho positivo que
habla de una conciencia frente al daño al país que no exhiben los senadores socialistas.
Pero, sorpresa, en vez de anunciar su voto negativo y terminar con esta comedia del
absurdo, estos senadores anuncian que, pese a considerar malo el proyecto, lo votarán
favorablemente y claman por un veto posterior de Frei.
a su propio proyecto (una
suerte de "aborto terapéutico").
Para aquilatar el daño que puede generar esta ley, imaginemos su impacto en empresas en
distintos sectores: a) Una constructora. Con negociación sectorial, huelga indefinida sin
reemplazo, y entrega de información confidencial, las peticiones sindicales no tendrán
relación alguna con la productividad sino con el nivel de las multas por atraso
establecidas en los contratos con la empresa inmobiliaria. b) Una línea aérea. El
sindicato de pilotos podrá paralizar la flota entera de aviones, todo el tiempo que
quiera. El daño de la huelga sin reemplazo está en directa proporción a la intensidad
de capital de la empresa. Eso lo aprenderán muy rápido los políticos que
"intermediarán" entre la empresa y los sindicatos. c) Una productora de frutas.
Le declararán la huelga justo antes de la cosecha (aunque prohibida en este período, la
dinámica será imparable con huelgas sectoriales sin reemplazo). d) Una salmonera. Si se
le prohíbe contratar trabajadores durante la huelga, no perderá sólo la cosecha como el
frutero, sino todo su activo, los salmones que nadie podrá alimentar.
Algo similar le ocurrirá, por cierto con distinto grado de intensidad y daño, a todos
los empresarios --pequeños, medianos y grandes-- del país. Consecuencia final: tras la
huelga expropiadora, mecanización a toda máquina, más desempleo, menor inversión y
crecimiento, más pobreza, violencia y odio entre empresarios y trabajadores.
Cabe advertir que en este proceso, el gobierno está utilizando múltiples resquicios
constitucionales: a) Una urgencia legislativa llamada "discusión inmediata"
para un proyecto que ningún Senado serio del mundo denominaría así (a diferencia, por
ejemplo, de una catástrofe que requiera de urgentes recursos fiscales); b) Una evidente
intervención electoral del presidente Frei usando para ello un proyecto de ley que altera
radicalmente una de las bases del orden económico-social; c) Un anuncio previo de un
supuesto "veto aditivo" presidencial para alterar la esencia de un proyecto que
todavía está en discusión, que fue presentado por el propio presidente y que requiere
una cirugía mayor que ningún "veto" puede realizar sin hacer escarnio de la
Constitución y las leyes.
Por tercera vez en esta década, debemos todos intentar salvar al gobierno de sus propios
demonios... para así salvar al país.
Incluso el empresario Ramón Aboitiz ha señalado textualmente, refiriéndose al proyecto
de Frei: "NOS PUEDE LLEVAR A VOLVER A LOS TIEMPOS DE LA UNIDAD POPULAR" (El
Mercurio de hoy). Cabe destacar que Aboitiz en 1993 fue presidente del Comando de
Independientes por Frei.
Es comprensible que haya gente que, hastiada de tanto populismo, sostenga que, aunque el
proyecto es pésimo, habría que dejarlo que se apruebe con los votos de la Concertación
para, como decían los marxistas, "agudizar las contradicciones" y así se
acerque la explosión de indignación final ante tanta irresponsabilidad y deshonestidad
política.
Pero no. No se puede permitir pasivamente este retroceso, pues difícilmente será posible
revertirlo y dañará sobremanera al país y especialmente a sus desempleados actuales y
futuros.
Por lo tanto, todo senador responsable debe votar en contra de este proyecto de reforma
laboral, hijo del oportunismo político y la demagogia social del presidente Eduardo Frei
Ruiz-Tagle.
Un llamado: deje de lado lo que está haciendo y concéntrese en crear opinión, llamar a
senadores, importunar a ministros, alentar a sus dirigentes gremiales, escribir cartas al
diario, enviar emails urbi et orbe, etc. Será la decisión más rentable --privada y
socialmente-- que habrá adoptado en mucho tiempo.
Como decían los viejos cracks sindicales, me declaro en "estado de alerta
permanente". Pues me resisto a la noción de que Chile tiene que caer en un nuevo
abismo antes de volver a intentar cumbres más altas. No a la "vergüenza de morir
sin haber combatido" (Corneille).
Proyecto sindical: atentando contra Chile
(EyS, Abril 1995)
El 12 de enero de este año, el gobierno del Presidente Frei envió un proyecto de ley al
Congreso que dinamita dos de los cuatro pilares del esquema sindical que existe en Chile:
la negociación por empresa y la huelga no monopólica.
Si se aprueba este proyecto, los otros dos pilares --la despolitización de las
negociaciones colectivas y la libertad sindical-- caerán poco después de los otros, como
cae una mesa de cuatro patas cuando se quiebran dos de ellas.
Desde su instauración en 1979, el Plan Laboral --leyes sobre sindicatos y negociación
colectiva-- ha demostrado que crea empleos, permite alzas de remuneraciones de acuerdo al
incremento de la productividad y promueve la paz social. En los últimos años se ha
reconocido su contribución a la modernización del mundo del trabajo y en el exterior
muchos países lo quieren imitar. Entonces, ¿por qué el gobierno Frei súbitamente
decide desmantelar un esquema que funciona tan bien?
El economista Jorge Desormeaux pone el dedo en la llaga al identificar al
"cliente" que el gobierno quiere mantener contento con este proyecto --y no es
precisamente al trabajador: "Se ha endiosado a la CUT... Esta es una asociación
absolutamente minoritaria de la fuerza laboral".
El Instituto Libertad y Desarrollo, después de un riguroso y detallado análisis del
proyecto, afirma que la aprobación de éste sería "uno de los peores retrocesos que
puede experimentar nuestra economía". Esta legislación, concluye, es
"incompatible con el funcionamiento de una moderna economía de mercado". ILD
observa que "los perjudicados directos son los propios trabajadores y muy
especialmente los desempleados". Argumentos similares de crítica al proyecto ha
expresado el profesor de la Universidad Católica, y experto en economía laboral,
Fernando Coloma.
Los principales impulsores de la reforma sindical podrían leer con atención lo que dice
un reciente editorial de El Mercurio: "La puesta en marcha del Plan Laboral de los
años ochenta ha sido la base de los logros que en la actualidad exhibe el mercado del
trabajo".
Como lo señalan los industriales chilenos agrupados en la Sociedad de Fomento Fabril:
"Este es un intento desesperado por salvar al movimiento sindical de cúpula, el que
no ha sido capaz de renovarse... El proyecto de ley es totalmente contradictorio con los
objetivos económicos expresados por el gobierno".
En efecto, esta reforma pretende cambiar el actual sistema de negociación colectiva por
empresa y sin huelgas monopólicas por uno que permite huelgas sectoriales sin derecho a
reemplazar a los huelguistas. Los empresarios ya no negociarán con sus propios dirigentes
sindicales de base sino que probablemente con activistas de la CUT.
El desabastecimiento y las alteraciones al orden público producirán entonces una
presión insostenible para que intervengan el diputado del distrito, el senador de la
circunscripción, el intendente regional, y al final el ministro del Trabajo e incluso el
propio presidente. Se habrá vuelto a la politización del mundo del trabajo que tanto
daño le hizo al país. Las remuneraciones ya no dependerán de la productividad en la
empresa sino de la fuerza de presión política del gremio huelguista frente al gobierno.
Todo esto significa que un conflicto sobre remuneraciones llevará a la paralización
total no sólo de la producción de una o varias empresas, sino que incluso de la
distribución de stocks para cumplir compromisos ya contraídos. ¿Quién va a explicarle
a los importadores japoneses que no recibirán su pedido hasta que termine la huelga?
¿Quién va a convencer después a los compradores extranjeros que adquieren 14.000
millones de dólares en productos chilenos, cuya confianza hemos ganado como país
después de veinte años de dedicado esfuerzo de empresarios y trabajadores, que Chile
sigue siendo un proveedor confiable?
Como sostiene Juan Riveros, uno de los empresarios con mayor experiencia en el campo
laboral, y presidente de la Asociación de Industrias Metalúrgicas y Metalmecánicas:
"Este proyecto es una vuelta al pasado". Riveros advierte que una legislación
de esta naturaleza --la que podría resultar en decenas de miles de huelguistas en
movilizaciones-- "puede crear una situación similar a la vivida en la época de 1968
y 1970, cuando se produjo un gran número de tomas".
El Presidente Frei Ruiz-Tagle debería meditar en lo que le ocurrió en la década del
sesenta a su padre, el Presidente Frei Montalva. Sergio Molina, actual ministro de
Educación y alto funcionario en ese gobierno lo ha descrito en su libro "El proceso
de cambio en Chile: la experiencia 1965-1970" (1972): "La CUT tuvo gran
influencia en la dirección del movimiento sindical, especialmente por su gravitación
sobre los sindicatos de las grandes empresas. Estos servían como punta de lanza para
quebrar la política de remuneraciones impulsada por el gobierno, provocando largos y
sucesivos conflictos".
La Cámara Chileno-Norteamericana de Comercio (AMCHAM), que agrupa a 510 empresas y que
constituye lo más cercano a un gremio que represente la inversión extranjera en Chile,
sostuvo a través de su presidente Claudio García: "La iniciativa se hace más
difícil de comprender cuando en el país se aprecia una tasa de desocupación muy baja,
un crecimiento constante de los salarios reales y un ambiente de tranquilidad laboral,
excepto, esto último, en el sector público". Agregó que este proyecto puede
dificultar las posibilidades de que el Congreso norteamericano apruebe un "fast
track" para negociar por la vía rápida el ingreso de Chile al Nafta y lo calificó
de "reforma regresiva" que crea un ambiente de inestabilidad que podría
"ahuyentar" la inversión extranjera.
Como dijo Vaclav Klaus, el primer ministro de la República Checa, "Las
manifestaciones visibles del fracaso de las reformas de Europa Occidental incluyen una
tasa de desempleo excesiva y socialmente explosiva, la que parece responder poco a los
cambios en la tasa de crecimiento económico y los ciclos económicos. La principal causa
no yace en el exceso de oferta de trabajo, ni en una falta de demanda de trabajo, ni en la
inmigración, ni en la ausencia de progreso tecnológico, ni en las importaciones
excesivas de productos del sudeste asiático, ni en el trabajo barato de Europa del Este.
El factor que más se acerca a explicar este problema es la tasa, excesivamente elevada,
de los salarios domésticos con relación a la productividad de la fuerza de trabajo. La
tasa de salario es alta porque se ha alejado de su fundamento microeconómico al nivel de
la empresa, para ser determinada, en su lugar, a un nivel macroeconómico, entre el Estado
y los sindicatos" (The Economist, 10.6.94).
Esa es la clave. Porque en gran parte de Europa los mercados laborales simplemente no
funcionan como tales, se han generado niveles altísimos de desempleo (en España la tasa
de desempleo supera desde hace años el 20% y es de más de 40% a nivel juvenil; ¡bajo un
gobierno socialista!).
Aunque la retórica del gobierno intente justificar este proyecto como uno de
"progreso social", a la larga no se podrá ocultar que favorece a la cúpula
sindical en desmedro de la inmensa mayoría de los trabajadores y especialmente de los que
buscan trabajo y no lo encuentran.
Hay quienes dicen que esta propuesta no será aprobada. Por lo tanto, no tendría
importancia que haya sido enviada al Congreso. No es así.
Primero, incluso si el proyecto es rechazado, el país se enfrascará en un debate
estéril. Segundo, la señal hacia los inversionistas extranjeros está dada con la sola
presentación del proyecto. Tercero, se pierde el tiempo y la energía del gobierno y de
la clase política en proyectos que desvían el debate de los temas pendientes donde sí
se requieren, y con urgencia, soluciones: la crisis de la salud, la mala calidad de la
educación, los cuellos de botella de infraestructura y la penetración de la droga.
El proyecto del gobierno habría constituido un grave error en cualquier momento. En estos
tiempos de crisis en América Latina es además insólitamente inoportuno.
Hace unas semanas, la televisión chilena mostró dos escenas. A las dos de la mañana, en
el Congreso argentino, un ministro (Domingo Cavallo) imploraba a los parlamentarios que le
aprobaran una ley que introducía alguna flexibilidad laboral en el sector de la pequeña
y mediana empresa (la que tienen todas las empresas chilenas desde hace 16 años). En los
mismos días, dos ministros (Jorge Arrate y Genaro Arriagada) promovían, en la Cámara de
Diputados chilena, debilitar la misma legislación laboral que ha hecho de Chile un país
modelo en esta área y por la cual las actuales autoridades reciben elogios en sus viajes
al extranjero. Lo que Chile tiene y pretende destruir, Argentina (y muchos otros países)
lucha denodadamente por obtener.
Por último, hay que destacar que si hay problemas, de otra naturaleza, en el área
laboral que requieren soluciones. Como lo demuestra la experiencia concreta de un
empresario del rubro metalmecánico, que al establecer un sistema individual y total de
remuneración variable de hecho ha transformado a cada uno de sus trabajadores en un
microempresario, hay innovaciones que encuentran múltiples trabas en la actual
legislación (concepto, topes y distribución de horas extraordinarias; limitaciones a los
trabajos de tiempo parcial; sistema arcaico de indemnizaciones, etc.).
Después de casi 15 años en que no se han hecho avances liberalizadores en el mercado del
trabajo, ha habido cambios --entre otros, la mayor participación de la mujer en la fuerza
de trabajo, la tendencia al trabajo parcial y en el hogar, las nuevas tecnologías
computacionales que permiten asignar tareas y bonos por objetivos a cada
trabajadorque aconsejan flexibilizar aún más las leyes laborales para adaptarlas a
estas nuevas realidades.
Pero lo más urgente es integrar a amplios sectores --médicos, enfermeras, profesores-- a
mercados laborales competitivos para que cada uno pueda obtener remuneraciones de acuerdo
a su productividad, las que en muchos casos serán muy superiores a las actuales. Los
problemas graves en el mercado del trabajo están hoy en día en el sector público y no
en el privado.
Una política laboral marcada por el signo de la libertad y la justicia no es aquella que
nos hace retroceder a los años sesenta, sino la que nos permite avanzar hacia los
mercados del trabajo libres y flexibles que caracterizarán a los países exitosos del
siglo XXI.
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