Discurso de José
Piñera, Ministro del Trabajo y Previsión Social, con ocasión del 1º de mayo de 1980.
[Extracto sobre la futura Reforma Previsional y sus consecuencias]
Hace ya 22 años, se presentó el primer proyecto de reforma previsional. Infinidad de
informes, antecedentes, declaraciones y críticas, como asimismo nuevos anteproyectos
siguen acumulándose desde aquella fecha, sin que las bases fundamentales del actual
régimen se hayan visto alteradas. El Gobierno ha decidido de una vez por todas romper con
este ciclo, pues la reforma definitiva no puede seguir esperando.
Tras décadas de desaciertos, el actual sistema está técnicamente quebrado: su déficit
económico es de un valor aproximado de 10.000 millones de dólares. Pese al cuantioso
aporte fiscal que se realiza cada año, un 70 por ciento de los jubilados recibe pensiones
inferiores a $2.700. La mala atención, la burocracia y la complejidad del sistema hacen
que incluso obtener estos exiguos beneficios sea para muchos una tarea ardua, difícil y a
veces humillante. El régimen de reparto promueve fuertemente la evasión, y la facilidad
para engañar al sistema ha quedado demostrada con el descubrimiento de los últimos
fraudes previsionales. Por último, la mala administración de las inversiones, y los
múltiples regímenes de excepción que surgieron como contrapartida de favores personales
o políticos a distintos grupos de presión, no son sino que el resultado previsible del
actual sistema de pensiones.
La reforma previsional es fundamentalmente una reforma al régimen de pensiones. Es este
régimen el que muestra las más serias deficiencias, y es también aquí donde tienen
origen las mayores distorsiones e injusticias del actual sistema previsional.
Seis definiciones centrales
Seis son las líneas centrales del proyecto de reforma al régimen de pensiones. La
primera y más importante de ellas es el cambio del régimen de reparto por un régimen de
capitalización individual. Los aportes al sistema de pensiones constituirán un
patrimonio de cada trabajador, cuyo saldo estará a la vista del imponente en su libreta
de ahorro previsional. Incluso, con cargo a sus aportes, el trabajador podrá optar a
jubilar con anterioridad a los requisitos de edad hoy existentes. En la actualidad no
existe una relación adecuada entre esfuerzo y retribución, lo que conduce a que tanto
trabajadores como empresarios intenten evadir sus obligaciones previsionales. El control
individual que puede hacer el trabajador, más la estrecha supervisión y control estatal,
serán la mejor garantía de una administración eficiente en el nuevo esquema de
pensiones.
Segundo, el Estado garantizará a todos los imponentes una pensión mínima. Todos
aquellos cuyos aportes no alcancen para acumular un capital que dé acceso a una pensión
vitalicia mínima, serán apoyados en virtud de la acción redistributiva y solidaria del
nuevo sistema.
Tercero, el Gobierno ha manifestado reiteradamente su intención de fortalecer la libertad
personal. La reforma previsional se mantendrá fiel a este principio. Nadie será obligado
a cambiarse al nuevo sistema de pensiones. Aunque ello introduzca una dificultad
adicional, que se suma a la complejidad inherente a cualquier intento de reforma, el
proyecto garantiza a todos los imponentes la posibilidad de permanecer en el actual
sistema si así lo estimaren conveniente.
Cuarto, se establecerá un método justo para reconocer los derechos que los imponentes
han adquirido en el sistema actual. El método de cálculo será impersonal y objetivo, lo
que constituirá la mejor garantía de que nadie podrá acceder a beneficios que no le
corresponden.
Quinto, se reducirá el impuesto al trabajo que implican las altísimas tasas actuales de
cotización. La reforma tendrá así un significativo papel en la reducción de la tasa de
desempleo, que se mantiene aún a niveles altos pese al dinamismo de la economía en la
creación de nuevas fuentes de trabajo.
Por último, el proyecto considera extender la previsión social a los trabajadores
independientes. A través de un aporte similar al de los trabajadores dependientes, ellos
podrán acceder tanto a los beneficios del régimen de pensiones como a los de salud.
Una previsión libre, pero a la vez solidaria; una previsión justa, pero a la vez
eficiente; una previsión para todos; esa es la meta de la reforma previsional.
Trabajo y libertad
Trabajadores chilenos. El año pasado, en esta misma fecha, quise realzar la trascendencia
moral de nuestra concepción del trabajo. Más allá de cualquier consideración
económica y social, les invité a mirar el trabajo cotidiano en la perspectiva grandiosa
del acto en que el hombre imprime las huellas de su propia alma sobre la naturaleza,
participando de esa manera en la creación continua del universo.
Hoy quisiera invitarlos a una reflexión expresa sobre el lazo que une al trabajo con la
libertad. Toda forma de trabajo es un ejercicio constante de la libertad humana. Mediante
su trabajo creador, el hombre no sólo expresa y manifiesta su condición libre, sino que
también acrecienta día a día la magnitud de su libertad.
El hombre, trabajando más y
mejor, se libera de la servidumbre de las ciegas fuerzas de la naturaleza, de la
esclavitud geográfica, de las imposiciones del clima y del medio ambiente.
El hombre,
trabajando más y mejor, se libera también de las coacciones sociales y de las presiones
políticas. En efecto, su capacidad creativa le permite erguirse con firmeza frente al
posible atropello de un Estado totalitario, que para imponerse requiere una masa anónima
de siervos tan dóciles como carentes de educación laboral.
Y con el producto de su mayor
y mejor trabajo, el hombre conquista ese tanto de propiedad privada, de libertad
económica, que es la base de su libertad social y política, pues le impide ser arrasado
por un poder central absoluto: sólo el que nada tiene puede caer bajo el yugo de esas
fuerzas impersonales e irrestrictas.
Un pueblo de propietarios
En Chile nos dirigimos hacia la consolidación de un pueblo de propietarios, que es un
pueblo de hombres libres.
Nuestra política laboral, pues, no tiene otra meta que hacer
posible a cada trabajador chileno un máximo de libertad social que se despliegue en sus
diversas formas: libertad, de asociación, de información, de trabajo, de consumo, de
participación.
No se crea, sin embargo, que hablamos de una libertad considerada en abstracto, ni de una
ética laboral desarrollada en el alma del trabajador por arte de magia. La libertad se
educa, y los resortes morales que ella mueve dependen en alto grado de la capacitación
del hombre que trabaja.
Mejorar la calidad
de la educación
Nuestro énfasis en la dimensión moral del trabajo como acto
libre sería un proyecto utópico si no viniera respaldado por una clara decisión de
mejorar la calidad de la educación, volcando en ella todos los recursos económicos,
técnicos, científicos y culturales que sean posibles en la etapa actual del desarrollo
del país.
Un proyecto laboral de veras liberador sólo tiene sentido en el contexto de un
proyecto educacional inspirado en los mismos principios humanistas y libertarios. No
descansaremos hasta no poner al alcance de todos los chilenos las herramientas adecuadas
para su mejor capacitación profesional, mediante una política de educación creativa e
integralmente abierta a las grandes mayorías nacionales.
Quisiera sacar algunas conclusiones de este lazo profundo que anuda la libertad con el
trabajo. Un trabajo más libre es un trabajo que ha sido menos impuesto por presiones
externas, y más elegido en forma voluntaria de acuerdo con las aptitudes personales. En
otras palabras, es un trabajo más vocacional: se lo ejerce vocacional y apasionadamente;
se lo ejerce, a pesar de su esfuerzo o quizá en virtud de ese mismo esfuerzo, en forma
más alegre, como alegre es la superación de aquello que sentimos como un desafío
personal.
Vocación de trabajo
Soñamos con un Chile de chilenos con vocación de trabajo. Tal concepción del trabajo
iguala, por eso mismo, los oficios más humildes con los que se estiman más encumbrados.
Lo diré con las palabras insuperables de Gabriela Mistral: Hay entre las artes más
complejas y más humildes una correlación mística, así quedan por ella unidos, aunque
no lo reconozcan, el artesano encorvado sobre su laca y el hombre que trabaja con la
santidad de la palabra, es decir, así convergen el obrero y el poeta, el labriego y
el artista.
Sabemos que, en ese fin, debemos vencer el gran reto de los tiempos modernos: la
humanización de la técnica, el ser dueños y no servidores de la gran tecnología, el no
ser esclavos sino señores de la máquina, es decir, del producto de nuestras propias
manos. Lo diré de nuevo con Gabriela Mistral: la máquina deber ser la criada de la
imaginación, los pies humildes y ágiles de la inteligencia
artesana. Estoy seguro de que nuestro pueblo posee, frente a ese gran reto, la
fuerza y salud moral que otras naciones, más ricas y avanzadas en su tecnología, no
parecen tener en la actualidad.
La verdadera libertad
Por último, quisiera enfatizar el carácter forzosamente limitado de la
verdadera libertad. Nuestra libertad personal termina allí donde comienza la libertad de
los demás. Es decir, no existen derechos que no vayan aparejados con sus correspondientes
deberes. Nada costaría prometer demagógicamente una libertad absoluta, como hacen
originalmente los regímenes que terminan en el más oscuro totalitarismo.
Por el contrario, nuestro proyecto nacional asegura una libertad verdadera justamente
porque es una libertad para todos, es decir, un conjunto de libertades que se limitan
recíprocamente, y precisamente al limitarse se hacen moralmente rectas y civilmente
efectivas.
Así, también, nuestra política laboral futura se orienta sin demagogias
hacia un incremento de la libertad personal auténtica, que es real justamente porque no
es absoluta sino que está integrada dentro del bien común.
Un pueblo de hombres libres; un pueblo de propietarios; un pueblo de hombres amantes del
trabajo por obra de una educación creativa; un pueblo de hombres que dominan y no son
dominados por el maquinismo; un pueblo de hombres que experimentan su trabajo diario como
una vocación suprema y no como una maldición o un mal menor; he allí la altísima meta
de nuestra política laboral. Que ya ha mostrado al mundo entero sus primeros pasos, sus
conquistas indesmentibles, su contenido ético y su intransable compromiso con la justicia
y la libertad.
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