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BIENVENIDOS A AFRICA
por José Manuel Silva.
[La Tercera, 21 de Octubre, 2005]
Así titularía el pobrísimo "debate" electoral que
presenciamos ayer millones de chilenos (y quizás cuántos
latinoamericanos vía CNN).
Chile pareciera un país que ha
fracasado completamente en su ruta al desarrollo, donde una cleptocracia
monopólica es la única beneficiada del escaso crecimiento económico y a
consecuencia de ello, hordas violentas de pobres tienen sitiados a los
ciudadanos honestos. Desigualdades africanas harían recomendable echar
por la borda 30 años de reformas económicas y reorientar el modelo hacia
la "integración" con países exitosos como Argentina, Venezuela
o Bolivia.
Es desilusionante contemplar cómo dos prestigiosos economistas, Sebastián
Piñera con posgrado en Harvard y Joaquín Lavín en Chicago, y una
doctora, Michelle Bachelet, que fue ministra de Salud y Defensa del
gobierno saliente, se hagan eco de las histerias mediáticas sobre
el modelo económico y dejen pasar una gran cantidad de inexactitudes y
mentiras lanzadas al voleo por el único candidato que no tiene
nada que perder, el señor Tomás Hirsch.
Un amigo latinoamericano que presenció parte del debate me
señalaba con incredulidad cómo quienes pretenden liderar el país
considerado como el más exitoso de la región parecen pensar que todo
debe ser cambiado. "Ustedes, los chilenos, son unos
malagradecidos", me comentaba. "Tu país funciona, la economía
crece, la corrupción existe, pero está muy controlada, tienen empresas
exitosas que crean empleos, acuerdos de libre comercio que muchos envidian
y los barrios donde más centros comerciales se hacen son los de clase
media y media baja".
Chile tiene aún grandes desafíos por delante para convertirse en un país
desarrollado. Sin duda que ya no lo seremos el año 2010, fruto de
errores, omisiones y condiciones externas no siempre favorables. Sin duda
que existe una masa extremadamente pobre que aún vive en condiciones que
no son compatibles con la estabilidad social o política de mediano y
largo plazo. Sin embargo, si existe una esperanza para ellos, es
justamente porque el país ha hecho las cosas relativamente bien en su
modelo de desarrollo. Puedo asegurar que la mayoría de los
pobres de Latinoamérica (sobre todo los de aquellos países considerados
exitosos por el señor Hirsch), no tienen ninguna posibilidad de salir de
su estado en esta generación, incluso considerando políticas
redistributivas agresivas que van en contra de la democracia y la libertad
individual.
Es esto último lo que más desilusiona del actual estado del debate político
en Chile. Porque efectivamente, dado nuestro éxito macro y microeconómico,
el país está en condiciones de eliminar en una generación la extrema
pobreza. Para ello se necesita audacia, inteligencia y coraje moral para
profundizar el modelo económico en aquellas áreas donde se ha
deteriorado su funcionamiento o nunca se le dejó funcionar. Pero nadie
discute propuestas específicas y se realizan afirmaciones al voleo con
poco o ningún fundamento, pero que mediáticamente suenan bien.
Lamentablemente, estas frases gratuitas para los que las dicen pueden ser
terriblemente costosas para el país si poco a poco la población se
convence de que su vaso está medio vacío, en vez de ver que esta medio
lleno y llenándose.
Hoy nuestro país se encuentra en los umbrales del desarrollo económico,
así como lo estaban España, Portugal o Grecia hacia mediados de los años
70. El estar en el umbral no garantiza que se vaya a traspasar.
Los tres países antes mencionados sufrieron serias turbulencias en los años
70, las que pudieron ser sorteadas en parte gracias a su entrada a la
Comunidad Europea. Asimismo, tenemos el amargo ejemplo de Argentina, país
que también estuvo en el umbral del desarrollo hacia los años '20 y '30
y que desde entonces ha tenido una permanente decadencia económica,
teniendo hoy un nivel de vida similar e incluso inferior al de Chile.
Sería un histórico error ajustar el modelo de desarrollo que ha
dado tantos frutos, castrando su capacidad para generar proyectos
empresariales exitosos. Esto se produciría si se regulan excesivamente
industrias y mercados, o si se aumenta innecesariamente la carga
tributaria. Por el contrario, es clave seguir impulsando una mayor
competitividad de los mercados, dado que es la competencia la que en
definitiva traduce el crecimiento en bienestar generalizado. Es importante
incorporar nuevas formas de competencia en diversos sectores claves:
banca, seguros, AFP, telecomunicaciones, isapres, y seguir profundizando
la apertura comercial de Chile. Para lo primero es urgente una nueva
reforma al mercado de capitales que permita a actores internacionales
ofrecer servicios financieros en Chile. Ello reduciría los costos de éstos.
En telecomunicaciones es clave el desarrollo de la telefonía IP,
desregulando totalmente dicho mercado.
Sin embargo, el gran desafío de Chile y que es clave para su acceso al
primer mundo, tiene relación con una política integral de desarrollo de
su capital humano. Hoy, aún un porcentaje excesivamente grande de
chilenos vive en extrema pobreza. Para lograr integrarlos al sistema
productivo es necesario realizar un salto cuantitativo en la
calidad de la educación, lo que pasa por aumentar considerablemente el
subsidio por alumno, pero, también, por inventar un nuevo esquema de
gasto que subsidie la demanda. Esto es, entregar este mayor gasto
a los padres directamente y que sean ellos, informados, los que decidan en
qué establecimiento educar a sus hijos. Asimismo, es importante crear un
mecanismo de financiamiento de la educación superior que garantice el
acceso a ésta de todo alumno intelectualmente capacitado para ello.
Finalmente, para garantizar trabajo para todos es necesario desregular el
mercado del trabajo flexibilizándolo. |